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viernes, marzo 13, 2015

Cultura, derecho y oportunismo.

Actualización: El abogado "especialista en derechos de autor", fiel y diplomático compañero aprista y amante del arte Erick Iriarte Ahon ha de tener muchos amigos pues estos mencionan sus estruendosos silencios respecto a temas como narcoindultos, BTR, Petrogate, Baguazo, Moqueguazo, los muertos de Espinar, reconstrucción de Ica y Pisco, Cayara, Rodrigo Franco, El Frontón y demás obras de su amado partido. Por lo pronto dijo que respondería a este post pero parece que también es especialista en silencios calculados. Saquen sus conclusiones.

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No existen argumentos para estar en contra de cualquier expresión artística siempre, claro está, que no contravengan las leyes y el derecho de las personas. De esto no cabe ni la más mínima duda. Y más aún si el que escribe todo esto es artista plástico y arquitecto. Es también indiscutible que las políticas y planes respecto a la promoción de la cultura y expresiones artísticas de la actual administración de la Municipalidad Metropolitana de Lima son nulas lo cual es condenable desde todo punto de vista.

Las pinturas murales del centro del centro histórico de Lima promovidas por la MML mediante el festival Latido Americano el 2013 son de gran factura y calidad lo que contribuye a la calidad del espacio urbano de sectores que antes estaban en claro abandono. Por todo esto considero personalmente que es una burrada lo expresado por Castañeda, desde todo punto de vista; sin embargo, creo que no debemos confundir las cosas solo por figurar en redes (otra vez).

Se está argumentando de todo para proteger las pinturas murales del centro histórico de Lima de su inminente borrado. Algunos con más ímpetu que razones, otros con más palabras que argumentos. Aquí veremos uno de esos casos representativos en los que se afirman varias cosas muchas de las cuales calificarían, rescatando su valor estético, como dadaismo del más puro.


Para fines del análisis separaremos estos "argumentos" en: 

1. La falacia lógica respecto a las obras de arte
2. Las menciones sobre patrimonio cultura e histórico.
3. Lo referido a derechos de autor. La parte más controversial.



1. La falacia lógica respecto a las obras de arte


Esta generalización inducida no dice nada. El que otros hayan pintado murales en otras partes del mundo, en contextos históricos completamente distintos,  no significa que todo mural tenga valor histórico por sí mismo. Asumir que el solo hecho de que los grandes muralistas mexicanos hayan pintado murales en el DF no significa que automáticamente toda pintura mural realizada en centro histórico tiene "valor histórico" gracias a Siqueiros, Rivera y Orozco, como veremos luego.


Aquí de nuevo la falacia lógica sobre "cultura de murales" (sic). Que haya tradición de pintura mural en el Perú y que siga vigente (lo cual ya es bastante discutible. Basta revisar bibliografía pertinente)  no le otorga intangibilidad alguna a cualquier pintura mural que se haga. Es más, en zonas declaradas como Patrimonio de la Humanidad como el Centro Histórico de Lima ( UNESCO 1988) existe reglamentación expresa sobre el tratamiento de zonas protegidas que incluyen las zonas circundantes con claro impacto sobre el patrimonio protegido. Por ejemplo, para cualquier intervención artística en el Centro Histórico de Cusco es necesario permisos y licencias especiales y en el caso de de pinturas murales es necesario estudios de impacto urbano arquitectónico bajo sanciones administrativas, civiles y penales. Y no es cuestión de gustos.


2. Las menciones sobre patrimonio cultural e histórico


"...daño contra la cultura (tan igual que las lineas de nazca)"(sic)  muy efectista pero veamos qué dice la Ley Orgánica de Municipalidades LEY Nº 27972:



¿Pero quién decide qué es y no es patrimonio cultural de la Nación? lamentablemente no es por votación, por gustos o apreciaciones estéticas o por caer bien a nuestros seguidores. Solo queda referirnos a lo que dice al respecto el ente rector en temas de cultura en el Perú, el Ministerio de Cultura (pueden ver el documento completo aquí):

"¿Quién decide qué es patrimonio cultural del Perú?

En el Perú, las instituciones directamente a cargo del patrimonio cultural son Ministerio de Cultura para el patrimonio arqueológico, histórico e inmaterial; la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional, pertenecientes al Ministerio de Cultura, para el patrimonio bibliográfico y documental respectivamente. (...) Estas instituciones son las únicas autorizadas a declarar un bien como parte del patrimonio de la Nación. Del mismo modo, estas instituciones pueden establecer que un objeto o bien no forma parte del patrimonio cultural." (el subrayado es nuestro)

Entonces, ¿serán los mismo las Líneas de Nasca, patrimonio histórico cultural de la Nación, y las pinturas mural del centro de Lima? A todas luces es una comparación que no guarda ninguna proporción ni resiste el más mínimo nivel de análisis. Las pinturas murales del centro de Lima no son patrimonio cultural de la Nación y mucho menos patrimonio histórico. 



3. Lo referido a derechos de autor. La parte más controversial.

Se hace una defensa cerrada sobre este tema, especialmente sobre los derechos morales del autor y la naturaleza de la obra artística, pero la realidad es que aún es un tema muy controversial en el derecho internacional donde se puede encontrar jurisprudencia en diferente sentido.


Se apela al artículo N° 3 de Ley sobre el Derecho de Autor D.L. No. 822 de 1996 y al artículo N° 25 sobre el derecho de Integridad respecto a los Derechos Morales, leyes que están en concordancia con el  Convenio de Berna:



Sin embargo, cabe aclarar algunas cosas que también es objeto de debate en foros internacionales de derecho. Es indiscutible la unidad de la obra artística y su soporte, no puede existir la una sin la otra. Pero, los derechos de propiedad y dominio de la obra y de su soporte no son lo mismo porque, además, el propietario del muro no es "adquiriente" pues nunca perdió la propiedad del paramento y tampoco el autor tuvo la propiedad del mismo en ningún momento. Por otra parte tenemos esta ley constitucional referida al derecho a la propiedad:



Por lo tanto tenemos que los derechos morales del autor colisionan con el derecho de propiedad del inmueble en la que la Municipalidad Metropolitana de Lima tiene poco o nada que ver puesto que la carta cursada para el mantenimiento de fachadas se refiere a una invocación y no es una notificación imperativa y, aun siendo imperativa estaría actuando en conformidad con sus competencias legales respecto a la protección del Centro Histórico de Lima como Patrimonio de la Humanidad, nos guste o no. Ese es parte del debate y controversia en la legislación de muchos países en la que en algunos casos se deja a discrecionalidad del juez y al análisis de los hechos concurrentes.

¿Que dice la jurisprudencia internacional sobre esto? Aquí el fragmento de un análisis muy extenso

Bueno, en el mismo sentido comentar mucho las siguientes afirmaciones ya no tendría sentido pues todas aluden a lo mismo:


 La MML no pero los propietarios de los inmuebles sí.


Habría que revisar con mucho cuidado el PLAN MAESTRODEL CENTROHISTÓRICO DELIMA AL 2025, que no fue formulado por la gestión de Castañeda (al que sigo considerando un burro en materia de cultura).


 ¿Y el derecho de los propietarios de los inmuebles?


Los propietarios de los inmuebles sí, aún indemnizando al autor. Te guste o no.


Pongamos algunos ejemplos para entender esto y las dimensiones que podría tener:

- El artista es el propietario de la obra pero el dueño del inmueble es el propietario del paramento. Ambos derechos son inalienables e inviolables, como tampoco son absolutos.

- La mala interpretación de la ley de derechos de autor podría llevar a cualquier artista de apropiarse de paramentos privados con solo realizar una obra sin autorización. El propietario de la edificación no podría hacer nada.

- ¿Todo graffiti o pintura mural, más allá de sus calidades estéticas, debe ser considerado "intangible" por derechos de autor?


Para finalizar. 

Es imprescindible defender toda expresión artística, más allá de consideraciones estéticas, filosóficas e ideológicas. Sin embargo, debemos conocer las herramientas para hacerlo. No se trata de concursos de simpatía para quedar bien o mal ante nuestros seguidores, por lo que muchos sueltan cualquier pachotada solo para figurar, o solo por tener pantalla ante un tema sensible para la sociedad o solo porque no te simpatice Castañeda. 

En los próximos días veremos qué desenlace tienen estos atentados a la cultura limeña. Personalmente veo viable la acción colectiva en defensa del arte urbano limeño y no la leguleyada barata.

La coherencia es una virtud y los deseos no son realidades.

lunes, mayo 14, 2012

El Hueso




"Solo quiero pintar, nada más", fue lo único que atinó a decir. Se congeló el tiempo y el espacio por un instante, ninguno de los presentes esperaba tan corto pero contundente manifiesto. Los profesores mantenían la mirada fija en ese plano bicolor, era el último examen del semestre. Los alumnos, aunque pendientes de lo que le iba a tocar a cada uno en su momento, comenzaron a buscar alguna existencialista inspiración en sus trabajos, pensando en tan gloriosas palabras de quien menos pensaban era capaz de tal acto, de descuidado  y espontaneo hipnotismo momentáneo.

Hasta el momento nada hacia presagiar tan solemnes segundos; todo había transcurrido como estaba acostumbrado, ceñudos docentes con aire de conocedores de historias ocultas de artistas malditos y técnicas pictóricas perdidas en algún amarillo pergamino enterrado en uno de esos viejos desvanes coloniales. Aunque cada uno era muy popularmente conocido en la escuela por sus peculiares y muy excéntricas formas de expresarse. Era sabido que de los cinco solo dos ejercían, los otros tres habían reducido toda su expresión artística a sendos escritorios repletos de documentos para firmar, fichas que sellar e informes que hacer. Mostraban una mundial reticencia a referirse a su situación como burocrática, los típicos hombres de familia preocupados más por su situación económica que por las altas y filosóficas cavilaciones estéticas.

 Los otros dos, tenían en cambio ese halo de conocedores del óleo y los pinceles, más a fuerza de mano que de intelecto, aunque de diferente forma eran precedidos por sus superheróicos egos. Ambos tenían como inspiración telúrica andinas cosmogonías que se diferenciaban en estilos; el mayor de ellos, un tipo como cualquier otro, con facciones que delataban algún antepasado negro, medio zambo él, parecía tener cincuenta y tantos anuarios de arte en su vida, visionario mayor de rojos y  tierras en todos sus matices y tonos, con geometrías perdidas en una explosión de colores terrosos que recordaban a Szyszlo y Caballero, era posible vislumbrar en esas formas iconografía prehispánica, cierto neofigurativismo muy inclinado a lo andino, que evocaban muy sutilmente místicas momias Paracas, dibujos Wari y figurillas de Pikillakta; en los personal, era una tipo serio pero bonachón, de tragos de fin de semana y que no se permitía perder ninguna oportunidad de encontrarlos, era conocido por su lengua simple pero pesada, la cual intentaba densificar, hacer mas intelectual pero como dicen, lo que salamanca no da, natura no presta . 

El otro, del tipo andino más bien, era sabido que provenía de algún distrito desconocido y alejado del Cusco, tenia fama de haber sido alumno chancón y empeñoso, de hecho ya parecía haber pasado con holgura la tan mentada crisis de los cuarenta pues era delatado por una ya avanzada calvicie, larga y rala piocha y bigote; dedos agarrotados, que emulaban filosas garras consecuencia quizás de alguna infantil enfermedad y por la cual nadie se atrevía a preguntar; de verbo medido y parco, mirada fría y de escasa sonrisa, las que prodigaba sola y exclusivamente a su muy cercano e intimo circulo de amigos. Era un tipo conocedor de las nuevas tendencias y mercados de arte. Como docente promovía la incursión en nuevas posibilidades creativas; su pintura era de factura espontanea y libre, de mano segura y bastante trabajada. Su temática era andina también pero, a diferencia del anterior, tenia mucha predilección por los ukukos (representación folclórica de los hombres-oso, semidioses andinos) que hacen contritas peregrinaciones al nevado del Q'oyllor R'iti, cargados de bloques de hielo en las espaldas blandiendo coloridas banderas del imperio de los Cuatro Suyos.

Para completar el aquelarre artístico estaban cerca de diez aplicados aspirantes a artistas, trasnochados y con las ropas con puntos de colores cual psicodélicas mariposas producto de los los pinceles que, como tiradores de esgrima, descuidadamente usaron cual floretes en esas interminables idas con los lienzos. Era posible recorrer la mismísima historia del arte en sus trabajos, desde las cavernas de Altamira y Lascaux  pasando por el Näif de Rosseau, el arte metafísico de Chirico, el surrealismo de Dalí y Miró, el cubismo de Picasso y, claro, el infaltable Van Gogh con sus colores y fuertes trazos, empero, había un detalle: había que reconocer muy bien la obra de cada artista puesto que en muchos casos había antes que diferenciar las pinturas de las manchas de Rorschach para poder ver a los grandes pintores. Cada iniciado estaba nervioso buscando en lo más profundo y exquisito de sus mentes los mas rebuscados argumentos para justificar cada línea, cada pincelada y veladura en el lienzo además, evidentemente, de las cuestiones técnicas que se supone habían aplicado en sus académicos productos: composición, teoría del color, técnica pictórica, etc. En resumen, estaban tan sumidos en sus personales indagaciones espirituales que dichas palabras sonaron como la voz de Dios que majestuosa y divinamente grave los iluminaba desde el suelo, sí, suelo. (vaya si eran alucinados los pobres).

Manteniendo esa blindada dignidad alpinchista y el relajo inoculado en las venas, la flaca - que era como la llamaban en el taller - con sus vivaces ojos grandes y mostrando esa simpática sonrisa, en la que resaltaban sus incisivos dignos de Bugs Bunny, y luciendo, como era natural en ella, sus más vistosas galas clasemedieras, que constaban de una minimalista chompa turquesa de lana tejida, de diseño obviamente, una minifalda azul marino plisada y sus muy favoritos leggins, de los cuales seguramente tenia como tres docenas, y terminaba el maniquí fashion con unos zapatos de charol negro de lazo, de eso que tienen un discreto pero sonoro taco; hay que mencionar también las armas que relucientemente adornaban el pie de caballete, sus finísimos pinceles de marta y de cerda Grumbacher - en diferentes tipos y variedades y que eran muy difíciles de conseguir - el pomposo ramillete  de pinceles brasileños usados solamente para el manchado previo - no muy baratos en ese entonces -  sus enormes potes  de medio litro de pintura acrílica Winsor&Newton - no pintaba con óleo por la odiosa alergia - y para terminar, toda la parafernalia de pintura habida y por haber en el entonces incipiente mercado: espátulas de diferentes tipos y formas, aceiteras de diversos tamaños, lápices de color de marca, diversas paletas, borradores, limpiatipos, etc. Ah! no podía faltar su omnipresente neceser rosado y violeta, de esos que tienen varios compartimentos; presentó con orgullo y pose de modelo de televisión su obra maestra.

En un bastidor vertical, de metro y medio por un metro aproximadamente, un fondo azul, de ese azul cobalto salido del tubo sin ninguna corrupción, groseramente monocromático a tal punto que el cielo cusqueño, ese azul profundo que enamora pupilas, parecía contener todo el espectro de colores ante semejante lienzo. Ese, no era más que el discreto contexto que contenía el culmen de tan grandiosa obra de arte: un hueso blanco. Esos huesos de historieta, de los que persiguen y entierran las caricaturas de perros en cualquier serie de dibujos animados, esos que vemos en bolsas de alimentos para mascotas. Sí, ese mismo hueso.

La reacción inmediata de los docentes ahí reunidos, que como jueces y guardianes de la cultura de toda una nación y responsables de velar por la sólida formación intelectual de los hacedores de cultura de la sociedad, fue un largo y muy sesudo discurso sobre la historia, tradición, filosofía, sociología, ética, moral, ontología, estética, metafísica y psicología del arte para no antes concluir con un llamado a la consciencia, a la inversión responsable de los recursos materiales y morales, a los anhelos y deseos de cada alumno que en contra de las demandas laborales del mercado y, en algunos casos, pese a la oposición familiar osa estudiar arte, el encargado de tan sublime y profundo discurso fue el profesor de piocha y pobre bigote, pensando que esto sería el prolegómeno a un sustento conceptual postmodernista, de alta vanguardia, obtenido de las mas largas y superiores reflexiones sobre el mundo, la sociedad y todos aquellos males que los artistas suelen muy bien escudriñar en su entorno, de una meditación profundamente metafísica o talvez de una modernísima corriente artística de la cual ellos aún no habían oído hablar. 

Sin poder ninguno ocultar el estupor previo y mirándose el uno al otro como sorteando la cuchara para ver quien probaría tan extraña pócima, uno de ellos tomó la decisión e inquirió con malicia:

 "¿Cómo es que una alumna de tan prestigiosa escuela de arte presenta un cuadro de tales características y pretende ser promovida a un ciclo superior?" y pensando en dilucidar de una buena vez el dilema volvió a preguntar:

"¿Puede sustentar la conceptualización de su obra? ¿Qué es lo q pretende con ella?"

Luego de un par de segundos y un carraspeo discreto en la parte de atrás del taller la flaca dijo:

"Solo quiero pintar, nada más"

Superados esos segundos de silencio ritual, casi mágico, el espíritu libre del arte, de su capacidad inmanente de ser todo y nada al mismo tiempo, de afirmar todo y negarlo a la vez, cual pentecostés, iluminó las atolondradas cabezas de todos los presentes. En el silencio siguiente todos recordaron porqué estaban ahí.

La Flaca fue promovida pero después de un par de semestres sobrevino la diáspora del taller. Nadie volvió a hablar del hecho que aún se guarda en secreto en alguna virola de un sucio pincel gastado.